Yo quería

Yo quería bailar, y sentir en mi piel una tela ajustada que me hiciera sentir guapa. Yo quería llevar el pelo recogido en un moño, lo más tirante posible para que se viera mi cara redonda y mis ojos y mis labios pintados. Quería esperar ese momento en el que subirme a unas puntas o aprender a hacer esa danza que se hace con el vientre y la cadera. Yo quería controlar mi cuerpo para que pueda bailar, para que pueda doblarse o saltar y caer de manera suave a la vez que mis brazos la acompañan. O llevar mis pies al compás de otros, y yo adelantarlos y tú atrasarlos, y sentir tus manos y mis manos y tus pies jugando con los míos persiguiéndonos al compás de la música. Yo quería volar y ser tan delicada como una flor y poder expresar de otra manera que no sean palabras, todo lo que no soy capaz de expresar con ellas.

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La chica de la sonrisa infinita 

Orden en tu vida

Pocas palabras como ésta han calado hondo en mi vida: EQUILIBRIO. Con todas las letras, con todas las sílabas. Creo que en esta vida estamos para disfrutar, para vivir, para soñar… pero para todo ello hay que tener un equilibrio.

No se consigue fácil, no lo puedes comprar o vender, no depende solo de ti. Hay miles de factores que afectan a que tu equilibrio no esté correcto, factores que no puedes controlar pero sí redirigir. Me explico. No puedes evitar que alguien te haga un comentario que te hiera y así hacer que tu equilibrio peligre, pero sí puedes redirigir ese sentimiento de tristeza para que no te dañe demasiado.

No es sencillo, la vida en sí no es muy sencilla, aunque siempre digo que cada uno de nosotros nos la complicamos en exceso.

De todas formas, para acabar esto que hoy os he venido a contar porque sí, por que me apetecía, tengo que decir 2 cosas muy claras: la primera, nos metemos demasiado en la vida de los demás, intentando alterar ese equilibrio que todos, de manera consciente o inconsciente, ansiamos tener.

Y la segunda, por difícil que te resulte o por imposible que parezca, no lo es, así que: pon en orden (de **** vez) tu vida.

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La chica de la sonrisa infinita

Eres aquel al que siempre llamaré hogar

Puedes mudarte. Puedes irte y decirme que no volverás jamás. Puedes llevarte todo lo que forjamos juntos, porque mi corazón no lo va a olvidar. Puedes deshacer la maleta en cualquier otro lugar que no sea mi habitación. Puedes dejarme el vacío más grande que quieras, con tal de que me prometas una cosa. No me olvides nunca. No olvides mis sonrisas ni mis lágrimas, no olvides todas las cosas que hicimos juntos y todas las que nos quedaron por realizar. No olvides los besos de madrugada ni los abrazos de media noche. No olvides que nos amamos, como si nunca fuera a terminar el mundo. Puede ser egoísta pedirte eso, pedir que en tu cabeza siempre vague mi rostro o mi risa, que hasta los últimos días de tu vida te acuerdes de que fuiste feliz a mi lado. Prométeme que esto no fue en vano, que para ti cada minuto a mi lado ha sido algo especial. No olvides quienes fuimos, lo que hicimos y lo que soñamos. Si algún día te vas, no olvides que fuiste, eres y siempre serás mi hogar.

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Lobos

Cada uno tenemos nuestros lobos internos, esos que permanecen un tiempo dormidos y que cuando menos lo esperamos aparecen para gruñirnos y enseñarnos los dientes. Aparecen para trastocarte esa tranquilidad de vida que aparentas llevar, aparecen para descolocarlo todo y dejarte la mente y la moral desechas.

Te arañan, te muerden, te gruñen mientra tú intentas calmarlos con susurros y palabras de sosiego… Pero aún así es en vano. Luchan hasta que no pueden más, te atacan sin que te des cuenta y odias la sensación de no poder controlarlos. A nadie nos enseñan a controlar a nuestros lobos, lo único que podemos hacer es aprenden a lidiar con ellos e intentar apaciguarlos, no dejar que nos ladren , que gruñan, que muerdan… No podemos dejar que nos ataquen.

Para encontrar el equilibrio cada uno de nosotros debe ser adiestrador de sus lobos, controlarlos, amaestrarlos, y solo así, esos lobos dejarán de ser nuestros enemigos, para convertirse en nuestros aliados.

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La chica de la sonrisa infinita

Las manos de mamá

Las manos de mamá son suaves, sensibles,  y acarician como si fueran plumas o algodón. Las manos de mamá nos cuidan, nos protegen, nos miman, nos preparan la comida, el baño, la ropa, y nos hacen cosquillas para vernos sonreír.

Las manos de mamá pintan, escriben, nos enseñan, y cuando se enfadan se vuelven rojas.

Las manos de mamá nos secan las lágrimas, nos agarran cuando vamos de paseo, y nos ayudan a levantarnos cuando caemos.

Las manos de mamá se arreglan, huelen muy bien y tiene las uñas pintadas de colores. Nos preparan la tarta y nos encienden las velas cuando es nuestro cumpleaños.

Las manos de mamá son capaces de hacer cualquier cosa por nosotros.

Gracias por tender siempre tus manos, mamá.

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”Dedicado a todas las mamás y futuras mamás, por regalar al mundo el mayor de los tesoros, vuestra dedicación y amor por los hijos.”

El café

El café. Para ti era el café caliente de por las mañanas, y el café con hielo de las noches de verano. Yo no era el café con leche, ni el café cortado, ni ese café escocés que te tomabas cuando querías celebrar algo. Yo era el café. Solo café. Negro, puro, mejor portugués. Amabas cada sabor y cada textura, el aroma y a veces la espuma con dibujos que te animaban el día. Yo era café solo porque en mí podías ahogarte, podías navegarme y nadar en mí, nada comparado con los demás. Yo era tu café, labios y curvas favoritos.

Bendito café.


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Hasta siempre, 2016

Este año ha sido un año extraño. Un año que para mí prometía mucho y quizás no ha sido tan impresionante como esperaba. Aun así, todo tiene un aprendizaje, y este año me ha servido para aprender mucho. Para dejar de darle la espalda a los problemas y poder mirar hacia delante siempre con una sonrisa. He disfrutado en mil y una ocasiones, y a mi vida ha llegado un regalo que jamás pensé que me diera tanta felicidad al compartirlo. No podré tampoco olvidar que hay gente maravillosa que se va y que deja en nosotros un vacío que solo el que lo haya sentido puede comprender de qué calibre estamos hablando. He seguido aprendiendo que la vida es un momento, que hay que vivirla y muchas veces hay que arriesgar y dejar el miedo atrás. Que no se puede vivir temiendo. El 2016 ha sido un año de preparación para todo lo que vendrá después. De recompensas pero también de grandes decepciones, que nos hacen madurar y nos permiten comprender que no todo lo que reluce es oro.

Mis propósitos para el 2017: encontrar ese equilibrio que todo el 2016 he buscado y que todavía no he logrado, pero que sé que llegará. Como todos los años, deseo amor, paz, felicidad, serenidad y buenos deseos para todo el universo, y que nuestros ángeles nos sigan cuidando desde el cielo.

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La chica de la sonrisa infinita