Aunque te sientas perdido

Me monté en el tren como quien monta a caballo sin silla ni riendas. Me pinté los labios en un intento de hacer más mía aquella situación. Qué duro es salir de la zona de confort, qué difícil es irte con mil ideas en la cabeza pero con mil indecisiones.

Cuando me senté en mi asiento, no tuve otro remedio que sacar mi libreta de notas y coger el bolígrafo de las inspiraciones. Aunque no haya, lo importante es que la inspiración te pille trabajando.

Después de mil tachones, pensé que quizás ya no era apta para eso, que había perdido esa magia de la que todos hablaban. Que después de tanto tiempo uno pierde la chispa que encandila a los demás, y que debería desistir y seguir adelante con mi vida.

Mi ángel de la guarda en ese momento decidió intervenir, y me recordó que el triunfo no viene desistiendo. “Triunfar es el fruto del trabajo, la constancia y la dedicación”- me dijo.

Y ahí me volví a encontrar yo, lidiando con mis pensamientos en un tren abarrotado de gente pero sintiéndome sola, debatiendo conmigo misma ya no si valía la pena, si no cómo iba a hacerlo para LOGRARLO.

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La chica de la sonrisa infinita

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CONFIANZA

Confianza: esperanza firme que se tiene de alguien o algo./ Seguridad que alguien tiene en sí mismo.”

Hoy me he levantado con la fuerza que cada día alguien me quiere arrebatar, me he mirado al espejo y me he prometido una vez más que no lo iban a conseguir, porque yo soy más fuerte que todo eso.

Hoy me he levantado analizando que quizás me quisieran hundir, que quizás quisieran hacerme pensar que yo no valgo para todo lo que los demás sí. ¿Qué idiotas, no?

Hoy me he levantado pensando en las veces que alguien me ha fallado, en esas veces en las que el lo siento y el perdón iban de la mano, aunque lo más indicado hubiera sido decir: ”lo siento, pero no lo perdono”.

Esta mañana, justo después de arreglarme y salir a comerme el mundo, me he dado cuenta de que, aunque te fallen, aunque pierdas la confianza en alguien, nunca, jamás, pierdas la confianza en ti mismo.

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La chica de la sonrisa infinita

Estar sin ti

A veces se hace difícil. Otras veces parece fácil, pero cuando llegas a la cama te das cuenta de que no lo es. Algunas veces sabes que va a ser temporal, pero aún así, no puedes evitar echar de menos. En ocasiones se hace insoportable, y es que, estar sin ti no me parece justo. No lo es, cada paso que doy, cada movimiento que hago, cada sonrisa que saco, me gusta que estés ahí. Aunque no lo parezca, pero siempre aportas. Y aportas para bien.

¿Sabes? Muchos quizás no lo pueden comprender. Otros nos tacharán de locos, de estúpidos, de insensatos. Mucha gente pensará que no lo lograremos, pero a mi me da igual, porque sé lo que hay detrás de ti y de mi. Y en medio, y a los lados.

Y es que aunque la gente no lo sepa, estamos hechos de puro amor, de ese verdadero, del que ni se escribe, ni se lee, ni se piensa, tan solo se siente. Ese amor que hace que día a día estemos aquí para conseguir nuestros sueños.

El otro día me preguntaron que si seguía junto a ti. ¿Porqué no iba a hacerlo? ¿Qué le hizo dudar a alguien que lleva tiempo sin vernos que nuestro amor se rompió? ¿Que no había fotos, ni textos el uno hacia el otro? Puede ser. Pero quizás ese es el éxito que tantos buscan, que tantos desean.

Como he dicho al principio, estar sin ti se hace difícil, se hace cuesta arriba, pero no dudes que nos daremos la mano día tras día para conseguir todos esos éxitos que soñamos, a nivel personal como a nivel conjunto. Ya sabemos que no somos tú y yo, sino NOSOTROS.

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La chica de la sonrisa infinita

Prometes

Después de mucho tiempo, me he visto a las dos de la mañana escribiendo sobre un tema al que nunca le he prestado mucha atención. Me he sorprendido reencontrándome con mi yo de hace años. Repasando letra por letra y momento a momento las situaciones que he pasado, las canciones que he escuchado, la vida que he vivido y todo lo que he hecho durante mi corta (y cada vez más larga) estancia en este mundo.

Me he dado cuenta de que el valor que le ponemos a nuestras virtudes no es suficiente, y después de tanto vivido me arrepiento de no haberlo hecho. Y me alegro de estar haciéndolo ahora. De estaros contando que en este momento valoro cada paso que doy, cada piedra con la que me tropiezo y cada locura que hago.

Releyendo historias, poesías, relatos… me he sorprendido aprendiendo de mi. De mi yo del pasado, de mi corazón y mis dedos escribiendo. Me he reencontrado conmigo misma, que ha venido para quedarse. Para amarse. Para valorarse. Para seguir prometiendo. Para prometerse. Para prometerte.

Y es que la vida son momentos, son lugares, son personas, son vidas, que van y que vienen pero uno siempre está ahí para él mismo. Detrás de la frase: ”prometes mucho”, hay dolor, amor, pasión, sufrimiento, trabajo, orgullo, tristeza y rencor. Pero sobretodo, detrás de esa frase hay VIDA.

Por lo que, llegando al final, si prometo en esta vida es porque estoy viviendo, y lo voy a aprovechar.

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Inevitable

Hay veces que hay cosas que son inevitables. Vivir en realidad es inevitable hasta que deja de serlo. Hay ocasiones, en las que aunque tú quieras, no puedes decidir, solo acatar las órdenes que te ha dado la vida. Esas pruebas que te ha puesto en el camino y que tú y solo tú puedes cumplir. Hay veces que no hay dos opciones. La vida te impone aquello que tienes que hacer, pero muchas veces solo ella sabe lo que te tiene preparado para después. Llámalo vida, llámalo universo, llámalo Dios, llámalo como quieras. Aunque lo llames a voces solo te contestará cuando considere oportuno, cuando tenga preparado para ti algo que te merezcas.

La vida no dice cuándo, no avisa, no espera. Es un aquí y ahora constante. No comprendemos porqué hasta que no pasa el tiempo, hasta que no nos paramos a analizar lo que ha pasado durante todo este tiempo. Al cabo de los años lo más seguro es que le encuentres sentido, que te sorprendas pensando en todo aquello que has acabado haciendo gracias a aquella opción que la vida no te dio a elegir. Puede también que jamás se lo encuentres, pero yo estoy segura de que la vida lo sabe, lo hizo a propósito para proporcionarte todo el rumbo que has seguido durante toda ella.

Por eso, cuando no entiendas porqué, tampoco te lo preguntes, ella jamás te va a responder en ese instante, pero al cabo del tiempo comprenderás porqué lo hizo, porqué así y porqué en ese preciso momento. O quizás no, la vida es así de traviesa.

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La chica de la sonrisa infinita

Verdades y mentiras

Hoy me levanté con más ganas de vivir que de costumbre. Me apeteció ponerme un vestido de esos ajustados, con escote en V y sujetador lencero. Los labios los pinté de color burdeos, y el pelo suelto, así, más sexy. Los zapatos no podían ser de otra manera que tacones, además de los brillos de las joyas que me apeteció ponerme ya que, aunque no es de noche, es viernes y apetece.

La comida no estaba hecha, y tampoco quería hacerla. Preferí irme de comida romántica, así, sin pensarlo. Espaguetis a la boloñesa de primero, trucha de segundo y coulant de chocolate de postre. ¿Hay algo mejor que el chocolate? Os lo preguntaré en las encuestas de Instagram.

Después de comer no me eché la siesta, eso no es propio de mi. Preferí pintarme las uñas de color rojo, aunque es otoño y parece que el frío ya llega, una siempre tiene que ir elegante hasta en los pies.

Me apetecía echarme fotos así que compartí con vosotros un selfie en una de las terrazas más caras y famosas de la ciudad. ¿Habrá que darse algún capricho de vez en cuando, no? Eso no es lo importante, lo importante es que recibí 100 likes más que de costumbre. Será porque mi actitud hoy ha sido diferente.

Cuando llegué a casa después de este agotador día, me quité los zapatos de tacón, las joyas, el vestido, las medias, y hasta la ropa interior. Me planté el pijama más bonito que tenía, las zapatillas de Minnie Mouse y lo publiqué en Facebook.

Ahora sí, me quité el maquillaje y me puse un moño, la bata que me llega hasta los pies y me senté al brasero. Tenía preparado un plato de pavo y brócoli para cenar. Apagué el teléfono y me dispuse a enviar por correo electrónico todos los mails que me faltaban, a pensar en lo enfadada que estaba con el vecino que no paraba de incordiar, el porqué discutí esta mañana con mi madre y que mañana tenía un examen en la universidad que no me sabía.

 

La vida que mostramos en redes sociales, la vida que en realidad le mostramos a los demás por la calle no es real, todos tenemos problemas, incertidumbres, dudas y cuestiones por resolver. Nos engañan y nos engañamos diariamente pero en realidad con quién tenemos que lidiar día a día es con nosotros mismos. Este relato no es real, o sí, quién sabe, lo importante es si estáis dispuestos a pensar si esto es verdad o mentira.

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La chica de la sonrisa infinita

Yo quería

Yo quería bailar, y sentir en mi piel una tela ajustada que me hiciera sentir guapa. Yo quería llevar el pelo recogido en un moño, lo más tirante posible para que se viera mi cara redonda y mis ojos y mis labios pintados. Quería esperar ese momento en el que subirme a unas puntas o aprender a hacer esa danza que se hace con el vientre y la cadera. Yo quería controlar mi cuerpo para que pueda bailar, para que pueda doblarse o saltar y caer de manera suave a la vez que mis brazos la acompañan. O llevar mis pies al compás de otros, y yo adelantarlos y tú atrasarlos, y sentir tus manos y mis manos y tus pies jugando con los míos persiguiéndonos al compás de la música. Yo quería volar y ser tan delicada como una flor y poder expresar de otra manera que no sean palabras, todo lo que no soy capaz de expresar con ellas.

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La chica de la sonrisa infinita