Querido Enrique:

Hace como unos cuatro meses que me mudé a esta casa… ¡Es horrible! Sin calefacción, con pocos enchufes, la luz se va cuando le da la gana…y sin embargo, me siento muy cómoda aquí. No soy la más adecuada para escribirte una carta, puesto que no estoy dotada de tus artes como escritor, pero espero que sepas apreciarlo. Como iba diciendo, me siento muy cómoda en mi casa, porque es aquí donde te conocí. No sé si fue por tu desfachatez de estar todo el día mirando por la ventana, o por la desfachatez también de los constructores que no se les ocurrió otra cosa que construir una ventana de baño a un metro de una ventana de habitación. Pero en fin, por eso decidí estudiar. Quiero decirte que empezar a hablar contigo fue…demasiado maravilloso para ser cierto, siento haberte tirado por la ventana los botes de champú y la pasta de dientes cuando nos enfadábamos. Pero estoy contenta de que nos hayamos podido lavar los dientes juntos, te he sentido muy cerca de mí. No te lo he contado nunca, pero un día salté desde mi ventana hasta la tuya, me colé en tu habitación y leí tu diario. Me encantaba la frase de: ¡Esa chica tan atractiva de al otro lado de la ventana! Me recuerda a la película, espero que no te enfades por haber leído tu diario. Eres un sol. Por cierto, dale a tu perro otro tipo de comida, esa es demasiado sosa. ¡Perdón! Se me olvidó comentarte, te arreglé el armario de la cocina. Ahí fue cuando me enamoré de ti. Cuando vi tu tazón de Mickey Mouse en el fregadero.

Por cierto, que sepas que he dejado nuestra compañía plegada en el cajón de las camisetas que te regalé en tu cumpleaños. Para que no se pierda. Mi mejor sonrisa está colgada junto a tu cazadora. Los abrazos los he puesto en el cajón de la mesilla. Las miradas de reojo las guardé en el espejo de la entrada, ese en el que siempre te miras antes de darme un beso y salir por la puerta. Los paseos por toda la ciudad los guardé en el zapatero. Las fotografías, están colgadas por toda la habitación. No las quites nunca. Son obras de arte, como tú. Las caras de sueño están junto al café de por las tardes. Las miles de tardes, riendo, hablando, jugando al póker, tumbados junto a ese árbol tan especial, todo eso, que jamás se pierda. ¿Ves? Yo también puedo ser romántica a veces, aunque no lo parezca. Se me olvidó comentarte…el domingo vienen a comer mis padres, desean conocerte. No te asustes, mi padre te hará la típica broma de: “como dejes preñada a mi hija te mato´´ y mi madre dirá que eres encantador. Mi ordenador está estropeado y por eso no he podido escribirte en un e-mail, pero, ¡considero que esto es mucho más romántico!

Oye, amo tus “Buenos días, princesa´´ a las ocho de la mañana, amo las llamadas telefónicas de madrugada y amo tu sonrisa. Era…un simple comentario. Como los que me haces sobre mi pelo, o mi ropa, o simplemente mi forma de comer. ¡Eres un estúpido! Criticas todo lo que hago, pero aun así, te amo.

Tengo en mi ordenador una carpeta solo para nuestras fotos… Bueno, fotos. Eso no son fotos, son armas de destrucción masiva. ¿Has visto nuestros caretos? Siempre que las miro me empiezo a reír, acabo con dolor de barriga. Qué sentimiento tan feliz. Yo también soy criticona, pero te amo. Creo que no puede haber pareja con más amor/odio del que tenemos tú y yo. Pero ¡ME ENCANTA! Sin tantos agobios ni prisas, ni gente que nos moleste. El lunes me escapé de casa, no quería seguir viviendo cerca de la cafetera… ¡Me agobia! Siempre queriendo que haga café, y yo no puedo vivir así. ¡A mí me gusta el cola-cao! En cambio tú…me comprendes, y por eso, ¡te amo!

Tú eres mejor que todos ellos… que mi nevera, que mi brasero, que mi televisión o mis videojuegos. Que las pizzas de los sábados noche antes de irme de juerga. Por eso te amo. Y no eres un pervertido como mi champú y mi acondicionador, que me miran cuando me ducho…Bueno, quizás sí, quizás seas un pervertido. Pero te amo. Y eso es lo importante.

No sé qué más decirte. Que amo tus pestañas. Tus pecas y esa nariz tan respingona que tienes. Amo tu 44 de pie, amo tu metro setenta y dos, amo tus bufandas. Te voy a tejer una, tengo tanto tiempo libre… ¿De qué color la quieres? ¡Ya sé! Amarilla, que sea bien fuerte. Para que vayas destacando, como me gusta a mí. Y como te gusta a ti… por eso te amo tanto. Antes de ayer medité, pensé, recapacité, y llegué a la conclusión de que… ¡estoy viciada a ti! Eres mejor que la droga, que el éxtasis, que el tabaco, que las canciones de amor de Jose Luis Perales, que un viaje alrededor del mundo. Y es por eso por lo que te amo, por lo que deseo que vivas junto a mí tus días, tus horas, tus minutos, tus segundos… ¡Todo lo que tengas para vivir! Y que sigamos comiendo yogures con confeti de colores durante el resto de nuestros días. Tenemos unos gustos extrañísimos. Pero te amo.

¿Sabes? Solo necesito tu olor para dormir. Tan extraño, tan característico, ¡tan tuyo!

Piensa cuando viajemos a Miami, a Copenhague, a Marruecos, cuando comamos en un restaurante mexicano y nos hierva la lengua. ¡Qué bien nos lo vamos a pasar! Nos vamos a reír como niños. Me llevaré la cámara de fotos, que está en el tinte. Y bueno, mi brillo de labios con sabor a vainilla. Para ir siempre mona pero con un beso tuyo de regalo. Eres tan adorable. Y por eso te amo.

Cuando el  otro día estuvimos en el museo empezaste a hablar de paisajes, que eran preciosos pero… ¿has visto tu cuerpo? También por eso te amo. Hoy me desperté enfadada con el mundo pero enamorada de ti. Para no variar. Eso de perderme en tu mirada me agota. Pero te amo. Ya es tarde mi vida, mañana es un gran día y aún no me he pintado las uñas de azul. Además, tengo que coger las mantas del altillo, ¡hace demasiado frío! Podrías estar aquí…para que me des calor. Me haces perder el tiempo, y yo pierdo el tiempo contigo… Pero te amo tanto, tantísimo. Que me da igual. He aprendido a no ser tan yo y a ser más tú. Porque te amo. Y eso es lo que cuenta. Buenas noches mi príncipe.

 

Tu pequeña gran soñadora.

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