Cuaderno de un filógino

Sé de alguien que pensará que estoy loco, que no estoy cuerdo, que soy un depravado, algunos me confundirán con un misógino… quién sabe. Esa gente no se da cuenta de que yo solo observo las cosas más bellas del mundo. Las mujeres. Filógino es el nombre más adecuado a como me veo yo y como me ve la gente entendida, aunque yo prefiero llamarme observador. Ustedes llámenme como deseen.

De esto que cuando fui trayecto Madrid-Santander en tren, la cosa parecía ir bien. Entré sin ningún miedo a pesar de que mi aspecto no era el idóneo para estar en un sitio así, y temía que la policía me confundiese con vete tu a saber quién. Mientra caminaba por aquel pasillo estrecho con las maletas impidiéndome caminar con algo de gracia, escudriñaba todos y cada uno de los vagones con la esperanza de encontrar a la ideal. A la mujer ideal, claro. Cabe decir que en cada lugar todas las mujeres son ideales, pero yo siempre busco la que más me llama la atención , aunque sea la más invisible del antro.

Esta vez la búsqueda no fue demasiado exhaustiva, como y me pasó otras veces. En el vagón 23 estaba mi chica ideal del tren. Era pequeña de estatura, debería tener unos veinte años, su tez blanca con pecas y sus finos rasgos. Su pelo, marrón como el chocolate al igual que sus ojos. Tímida en apariencia, leyendo el libro ”Memorias de Idhún”. No había visto mujer tan fina en mucho tiempo. Me senté enfrente de ella, y noté que mi presencia no le agradó mucho. Le dediqué una sonrisa y ella me respondió con otra. Su actitud hacia mí cambió, así que le dije: ”Hola, ¿qué tal?”

Nos pasamos hablando toda la noche.

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3 comentarios en “Cuaderno de un filógino

  1. Gloria Gómez Cortés dijo:

    Me he quedado con ganas de seguir leyendo el cuaderno de este filógino para saber qué pasa después. Este relato me ha atrapado… y me ha enseñado una palabra que no conocía: “filógino”.

  2. Benjamín dijo:

    Vaya, me dio por buscar filógino y di con esto… más que nada porque hasta cierto punto me siento identificado (vamos, no hago un trayecto fuera de Madrid pero si dentro, todos los días)… en lo que si me diferencio de este valiente es en el paso del “Hola que tal?”, que con lo tímido que soy, pues no voy muy allá. En fin, que yo igual, a mi me gustan todas las mujeres, todas tienen algo bello que apreciar y amar,… incluso un defecto es digno de observar porque justo ese defecto la que hace única e igualmente bella a esa mujer, aquella con la que sueñas con citas amorosas, conversaciones en altas horas de la noche, puestas en la mejor de las compañías…. No hay día que no busque esa belleza en mis trayectos entre mi casa y el trabajo y viceversa, sino, el vacío en mí sería mayor… algún día.

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