A las nueve y cuarto.

Los sentimientos frustrados son los más horribles del mundo. Los dedos vagamente viajan a través del bolígrafo, le cuentan historias, le deja que baile a sus anchas encima del papel. El corazón se mete de por medio entre la mente y la vida de alguien, y trastoca todos los sentidos de esa persona. Pero levemente esbozamos una sonrisa, algo picarona, que muestra las ganas que tenemos de vivir. De disfrutar. De enamorarnos, aunque sea de nuevo. Dejarse envolver por la melodía de una canción acompañada de una orquesta sinfónica. Te atrapo, tengo ganas de ti. Frunzo el ceño y prosigo, dejando que ahora el bolígrafo tan solo dé con la punta en el papel, bailando al ritmo de la canción de jazz que suena ahora. Mi cabello sobre los hombros, tu mano en mi cintura. Mis pestañas sosteniendo lluvia salada, mi sonrisa mostrando que no todo es malo. Y por último, la carcajada retenida que deseábamos soltar. Alivio.

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