Sin conocernos.

Era como una luz serena, yo la veía vulnerable y la quería sentir mía, quería que todos a mi alrededor pudieran sentir que ese diamante solo estaba hecho para que me rayara a mi, ese cristal duro pero a la vez transparente que puedo ser a veces. 
No la conocía en su esplendor, no la conocía en su hogar, ni en su cama, ni en la ducha o en una cena con amigas, y ella a mí no me conocía arreglado, o en mi hogar, ni siquiera en mi cama, no conocía esa costumbre mía de poner música por las mañanas. Y aún así, cuando empezó a conocer todas esas pequeñas cualidades mías, se iban haciendo cada vez más invisibles pero a la vez notables si había ausencia de ellas. Sabía verme por dentro, para ella yo solo era un cristal cuando para los demás siempre he sido un cristal tintado.

Y entonces, y ahora, y todo este tiempo, y el que nos queda, hay una cosa clara y es que la vida sin ti no es vida.

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