Roma.

Es una de esas visitas que te dejan algo. Algo mágico, algo especial. Además de melancolía, de querer ver más. De sus olores, de su estilo de vida. Pero siempre me quedará el recuerdo de un viaje extraño. Pero con esas ansias de volver, de pensar en lo bonito que fue y es de esos viajes que te marcan. Esos que te hacen sentir diferente, que con tu disco de Melendi en mano se te olvida todo. Aquellas escaleras tan extrañas y pequeñas del hotel, esa pequeña habitación de comedor… Esa habitación verde pistacho donde todo era verde. Y cuando salías a la calle todo era distinto. Repetiría sin dudarlo. Una de las ciudades más mágicas del mundo.

Imagen