Eres aquel al que siempre llamaré hogar

Puedes mudarte. Puedes irte y decirme que no volverás jamás. Puedes llevarte todo lo que forjamos juntos, porque mi corazón no lo va a olvidar. Puedes deshacer la maleta en cualquier otro lugar que no sea mi habitación. Puedes dejarme el vacío más grande que quieras, con tal de que me prometas una cosa. No me olvides nunca. No olvides mis sonrisas ni mis lágrimas, no olvides todas las cosas que hicimos juntos y todas las que nos quedaron por realizar. No olvides los besos de madrugada ni los abrazos de media noche. No olvides que nos amamos, como si nunca fuera a terminar el mundo. Puede ser egoísta pedirte eso, pedir que en tu cabeza siempre vague mi rostro o mi risa, que hasta los últimos días de tu vida te acuerdes de que fuiste feliz a mi lado. Prométeme que esto no fue en vano, que para ti cada minuto a mi lado ha sido algo especial. No olvides quienes fuimos, lo que hicimos y lo que soñamos. Si algún día te vas, no olvides que fuiste, eres y siempre serás mi hogar.

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Lobos

Cada uno tenemos nuestros lobos internos, esos que permanecen un tiempo dormidos y que cuando menos lo esperamos aparecen para gruñirnos y enseñarnos los dientes. Aparecen para trastocarte esa tranquilidad de vida que aparentas llevar, aparecen para descolocarlo todo y dejarte la mente y la moral desechas.

Te arañan, te muerden, te gruñen mientra tú intentas calmarlos con susurros y palabras de sosiego… Pero aún así es en vano. Luchan hasta que no pueden más, te atacan sin que te des cuenta y odias la sensación de no poder controlarlos. A nadie nos enseñan a controlar a nuestros lobos, lo único que podemos hacer es aprenden a lidiar con ellos e intentar apaciguarlos, no dejar que nos ladren , que gruñan, que muerdan… No podemos dejar que nos ataquen.

Para encontrar el equilibrio cada uno de nosotros debe ser adiestrador de sus lobos, controlarlos, amaestrarlos, y solo así, esos lobos dejarán de ser nuestros enemigos, para convertirse en nuestros aliados.

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La chica de la sonrisa infinita

Las manos de mamá

Las manos de mamá son suaves, sensibles,  y acarician como si fueran plumas o algodón. Las manos de mamá nos cuidan, nos protegen, nos miman, nos preparan la comida, el baño, la ropa, y nos hacen cosquillas para vernos sonreír.

Las manos de mamá pintan, escriben, nos enseñan, y cuando se enfadan se vuelven rojas.

Las manos de mamá nos secan las lágrimas, nos agarran cuando vamos de paseo, y nos ayudan a levantarnos cuando caemos.

Las manos de mamá se arreglan, huelen muy bien y tiene las uñas pintadas de colores. Nos preparan la tarta y nos encienden las velas cuando es nuestro cumpleaños.

Las manos de mamá son capaces de hacer cualquier cosa por nosotros.

Gracias por tender siempre tus manos, mamá.

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”Dedicado a todas las mamás y futuras mamás, por regalar al mundo el mayor de los tesoros, vuestra dedicación y amor por los hijos.”

El café

El café. Para ti era el café caliente de por las mañanas, y el café con hielo de las noches de verano. Yo no era el café con leche, ni el café cortado, ni ese café escocés que te tomabas cuando querías celebrar algo. Yo era el café. Solo café. Negro, puro, mejor portugués. Amabas cada sabor y cada textura, el aroma y a veces la espuma con dibujos que te animaban el día. Yo era café solo porque en mí podías ahogarte, podías navegarme y nadar en mí, nada comparado con los demás. Yo era tu café, labios y curvas favoritos.

Bendito café.


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Hasta siempre, 2016

Este año ha sido un año extraño. Un año que para mí prometía mucho y quizás no ha sido tan impresionante como esperaba. Aun así, todo tiene un aprendizaje, y este año me ha servido para aprender mucho. Para dejar de darle la espalda a los problemas y poder mirar hacia delante siempre con una sonrisa. He disfrutado en mil y una ocasiones, y a mi vida ha llegado un regalo que jamás pensé que me diera tanta felicidad al compartirlo. No podré tampoco olvidar que hay gente maravillosa que se va y que deja en nosotros un vacío que solo el que lo haya sentido puede comprender de qué calibre estamos hablando. He seguido aprendiendo que la vida es un momento, que hay que vivirla y muchas veces hay que arriesgar y dejar el miedo atrás. Que no se puede vivir temiendo. El 2016 ha sido un año de preparación para todo lo que vendrá después. De recompensas pero también de grandes decepciones, que nos hacen madurar y nos permiten comprender que no todo lo que reluce es oro.

Mis propósitos para el 2017: encontrar ese equilibrio que todo el 2016 he buscado y que todavía no he logrado, pero que sé que llegará. Como todos los años, deseo amor, paz, felicidad, serenidad y buenos deseos para todo el universo, y que nuestros ángeles nos sigan cuidando desde el cielo.

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La chica de la sonrisa infinita

Sí que podré

Somos capaces de hacer cualquier cosa… de sentirnos inmensamente grandes y también  de sentirnos inmensamente pequeños bajo la Luna. La humanidad es un misterio que a veces me deja pensando horas y horas, de las que saco conclusiones que mi vida diaria agradece. Pero eso es otro asunto.

Somos capaces de superar nuestros miedos, de cambiar, de ponerle fuerza de voluntad a todo lo que deseamos de verdad y a conseguir nuestros objetivos. Y ahí es donde llega esa pregunta que he leído, escuchado y me he hecho mil veces: ”si él/ella puede, ¿porqué yo no voy a poder?”. Y la respuesta siempre es motivadora, aunque esconda cierto miedo a fracasar. Algunos fracasan, pero los que lo consiguen tienen un orgullo interno que los capacita para hacer cualquier otra cosa que se propongan.

Así que, aunque tengáis miedo, responderos con un: ”sí que podré”, y realmente podréis hacer grandes cosas.

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Personas indestructibles

Muchas veces, nos encontramos con personas que nos parecen extraordinarias, mágicas, misteriosas. Al paso del tiempo, nos damos cuenta de que son así, y descubrimos que son más fuertes de lo que pensamos. A partir de ahí es cuando empezamos a creer en las personas indestructibles, en las personas que no necesitan nada más que a sí mismas. Errónea nuestra creencia, aunque inevitablemente vemos que para ellas el mundo es como un juego,  y que cualquier adversidad es como si la partida de ese juego tuviera un nivel difícil… y siempre consiguen pasarse el nivel.

Cuando seguimos conociendo a esas personas (o lo que ellas pretenden que conozcamos) descubrimos cosas nuevas, como que tienen pareja, que dan amor, que esa distancia que desde el principio creíamos infranqueable, se va haciendo un poco más cercana. Aprendemos día a día que, valga la redundancia, tenemos que aprender de esas personas. Porque la sabiduría y la manera de pensar de esa gente es tan gratificante para nosotros, el resto de los mortales, que escucharlas es melodía para los oídos.

Hasta que llega el día en el que la realidad choca contigo y reaccionas, porque no te queda más remedio. No dejas de pensar que esas personas indestructibles no lo son tanto, que sufren, que lloran, y que quizás hayan pasado más de lo que nosotros lo hemos hecho. Que la vida no se lo puso fácil, y te cuesta creer que esas personas hayan permitido que su muro se rompiese. Descubres, una vez más, algo nuevo de ellas, y te sorprendes pensando que si alguna vez han sido destruidas… cómo no te van a destruir a ti que eres tan frágil.

Aunque me asalte muchas veces ese pensamiento, también sé que, aunque ya no sean tan indestructibles como pensábamos… han sido capaces de volver a serlo y de construir su muro de nuevo con todas las lecciones que la vida les ha dado.

A todas esas personas indestructibles; me alegra saber que la gente destructiva no os destruye.

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La chica de la sonrisa infinita