Tres dulces años

Cada 23 de Enero puedo recordar que decidí empezar la aventura de escribir de cara al público. De contar mis sentimientos, de hacer que cada palabra suene mágica en boca de quien la lea. Me decidí a hablar de mí, de mi vida y de mis sensaciones, de todo lo que yo quería que la gente supiera y también de las cosas que nadie entiende pero que quedan ahí, en el recuerdo.

Por falta de tiempo, ganas e inspiración no escribo todo lo que querría escribir. No exprimo todo lo que tengo dentro, no expreso las miles de ideas que tengo en la cabeza. Yo también dejo cosas para hacer mañana, cosas que podría hacer hoy.

Aún así, estoy feliz. De todos los cambios que ha pegado mi vida, de todos los logros que estoy consiguiendo, de todas las metas que me quedan por cumplir. De darme cuenta de que nunca jamás se deja de aprender, y cada día sabemos una cosas nueva que nos hace ricos en pensamiento, en emociones y en palabras.

Tres años poniendo palabras dulces y amargas, tristes y felices, cansadas y enérgicas. Tres año desahogándome pensando que nadie me lee, pero que sin embargo ese ”nadie” responde con el cariño de dedicar un poco de su tiempo en leer mis palabras.

Aunque no escriba siempre, siempre querré escribir, y decir por esta boca, que por muchas tormentas que vengan, siempre seré la chica de la sonrisa infinita.

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Querido 2015

A los que prometieron que en 2015 iban a amar mucho, a aprender mucho y a vivir mucho; espero que lo hayáis conseguido. Eso significará que vuestro año ha sido completo.

Un año más me siento delante del ordenador a escribir esta carta, para hacer un balance de lo que ha sido el 2015 para mí. Y os lo digo, ha sido un año de cambios, de avanzar, de disfrutar, y de esforzarse mucho. También he cumplido mis propósitos, los que escribí en mi diario a principios de este año. Hoy me dispongo a escribir los del 2016. El 2015 me ha dado la estabilidad que muchas veces necesitamos, las ganas de vivir y de hacer lo que realmente nos gusta, y la manera que tenemos de superarse a uno mismo.

Del 2016 tengo la intuición de que va a ser un año lleno de alegría, de felicidad, de recompensas y de sueños logrados. De superarse a uno mismo. De celebrar.

Pero todo eso es una intuición que ojalá se cumpla. De lo que sí puedo hablaros (hoy que me faltan mucho las palabras, pero que tengo en mi cabeza un montón de ideas y de sentimientos) es de que la vida vuela. Que la vida se nos va rápido y yo quiero vivir. Cada vez valoramos menos. Creemos menos. Amamos menos. Por eso, yo deseo que valoremos, que creamos, que amemos. Que sepamos ver que la vida nos regala momentos únicos, personas maravillosas y retos increíbles para que los consigamos. Que la persona que siempre ha permanecido a tu lado es la que de verdad vale la pena. A la que hay que abrazar siempre muy fuerte. Que no importan las cosas banales, esos problemas que se solucionan mirando hacia delante. Que lo verdaderamente es importante es que hoy estamos, y mañana no se sabe. Por eso hay que vivir el presente, para que después de todo, echemos la vista atrás y lo que pensemos sea que hemos vivido, hemos valorado y hemos amado como nadie en este mundo.

Para ti, 2016, pido justicia, pido amor, pido serenidad, tranquilidad y felicidad para el mundo entero.

A ti, 2015, que me has dado otro año de recompensas, de alegría y de entusiasmo por la vida, te agradezco de corazón todo lo que has hecho por mí.

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                                                                                     La chica de la sonrisa infinita

Yo suspiraré por ti

Hablando claro, la soledad es una cosa que me hace pensar. A la vez la temo. No puedo evitar pensar cada día en ti. Es algo que sale solo. Como las lágrimas. Las lágrimas también salen solas cuando te das cuenta de que hay vidas que son necesarias y que, sin embargo, desaparecieron. Desaparecieron de la tierra, pero no de las mentes, de los corazones, y de los recuerdos de la gente que siempre amó esas vidas. Yo, que me convertí en tu vida y sin embargo te la arrebataron. Y al mismo tiempo, arrebataron algo de mi. Cuántas veces más podré llorar a solas y sentirme sola, sentirme vacía sin ti. Haciendo que cada parte de mi mente se convierta en un torbellino de recuerdos que, ojalá, jamás se olviden. Aunque sé que será así, que los recuerdos se aferran a nosotros tan fuerte que hacen hasta daño. A cada paso que voy dando, faltas tú. Falta tu sabiduría, tus consejos, tu tranquilidad… faltas. Faltas porque todo alrededor de mi se desmoronó y yo no era capaz de salir de ese horrible agujero. Aunque conseguí salir. Y me siento orgullosa de ello, pero siempre quedan las heridas de haberme rasgado, de haberme roto, de haber tenido que escalar mucho para salir de allí. Y aun así me sigo tropezando. Sigo llorando en ocasiones, sigo tambaleándome delante del agujero que jamás quiero volver a pisar. Te añoro, tanto que creo que moriré con esa herida abierta. Con la herida que dejaste, no tú, sino quien quiso que nos arrebataran la una de la otra. Yo, aquí, y tú, allí, pero siempre suspiraré por ti.

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Ilustración de Amaia Arrazola

Contigo

Qué puro es esto del amor. Qué frágil, qué dulce, qué poderoso, qué amargo. Qué maravilloso esto de compartir el corazón con alguien.

Con alguien que nos haga sentir.

Contigo.

Contigo comparto el corazón, el tiempo y las ganas.

Comparto la manera de ver la vida, discrepo en quién quiere más a quien y aprovecho cada vez que te vuelves para besarte de improvisto.

Disfruto la manera que tenemos de vivir, de hacer, de mirar, de soñar, de amar.
Disfruto con la forma en la que me miras, con las veces que hemos ido y venido, con las risas en cada rincón pisado.
Disfruto si ríes, si cantas en voz muy alta, si pronuncias palabras en latín y si me haces cosquillas. Si yo soy tuya y tu eres mío.
Disfruto cuando sabemos lo real, lo verdadero y lo grande es esto. Este amor nuestro. Nosotros.

Pero todo esto, todo esto sólo puede ser contigo. Con tu nombre entre mis labios, con tus seis letras en mi boca. Con tus dos sílabas. Con la palabra ”juntos” resonando en mi cabeza.

Yo, que necesito estar pegada a ti, para que no corra ni el aire entre tú y yo.

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Ilustración de Amaia Arrazola 

Todos tenemos una parte frágil

Me apetecía escribirte y decirte que todo marcha bien por aquí. Que en mi corazón ya no hay heridas, que se ha alojado una sonrisa que dudo que se vaya. Hoy es un día de esos que quizás no signifiquen nada, pero he aprendido a valorar también los días que no marcan una fecha concreta. En resumen, a valorar día sí y día también. Todo por aquí ha cambiado, a mejor y a peor, pero seguimos al pie del cañón, como siempre. Cada día cumpliendo metas y superando retos. Ahora estamos aprendiendo a vivir, aunque sea difícil. Bueno, siempre dicen eso de ”es ley de vida”. Empiezo a detestar la manera en la que se cumplen siempre esas leyes de vida. Quizás es tarde para escribirte, aunque siempre te tengo en la mente. Sí, sé que me he encogido de hombros resignada, qué le vamos a hacer. Hay veces que es necesario intentar parar el tiempo, va demasiado rápido. Todavía es todo demasiado intenso, a pesar de que pase el tiempo. Hay momentos en los que tus palabras servirían para calmarme. Yo me las invento y las pongo en tu boca, pero no es lo mismo. La vida nos hace a las personas que hemos sido débiles, fuertes. Aunque una parte de nosotros siga siendo frágil.

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Setecientos treinta días

He deseado cuando peor estaba que la vida mejorase, que hubiera una luz al final del túnel. Es cierto que las cosas suceden cuando menos te lo esperas, porque la luz apareció, y desde entonces, vivo con la luz encendida día tras día. Con el corazón cálido y los labios en forma de media luna.

Te deseé, te deseé con todas las fuerzas sin saber siquiera que existías. Suspiré mil veces cuando nos conocimos y me sigues dejando sin respiración. A día de hoy, la vida sigue siendo fácil y feliz. Sigue siendo como un juego en el que cada día quiero jugar a quererte.

Cómo te explico que echarte de menos es de las cosas que más me duelen, y tenerte cerca es volver a vivir. Cómo te explico que han sido setecientos treinta días sin dejar de pronunciar ”te quiero”, sin dejar de tenerte en la cabeza, sin dejar de amar. Cómo te explico que los momentos, las experiencias, las charlas, la confianza, jamás lo cambiaría. Cómo te digo que sin tí no puedo, y que juntos, es como quiero vivir. Cómo te explico que hay cosas que no soy capaz de explicar, cómo te explico que cuando te miro a los ojos pienso en la palabra ”hogar”.

Porque creo que ya lo sabes, pero para mí, el paraíso es donde estás tu.

Gracias, por todo lo que hemos vivido, porque aunque pase el tiempo, me sigues mirando, besando y queriendo con las mismas ganas del principio.

Te quiero.

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La chica de la sonrisa infinita

Corazones de metal

Hace mucho que no escribo algo que merezca la pena, y siento que hoy es un día en el que puedo escribir algo que me convenza, que remueva un poco los corazones de los demás. Mi corazón ya no está frío, ya no hielan las mañanas de invierno, ya no hay tanto silencio.  Hoy me preguntaba cómo puede ser, cómo puede ocurrir que notemos las señales que el universo nos envía. Cómo podemos predecir que algo va a ocurrir, la vida no es tan azarosa como pensamos. Las noches hacen que me vuelva nostálgica pero a la vez reconfortada, amada, viva.

Las cosas ocurren y no podemos detener el tiempo, ni los momentos, ni las emociones. Pero sí podemos empezar a afrontar las situaciones como se merecen. Ha pasado el tiempo y yo cada día aprendo más, cambio más, disfruto más. Y aunque haya veces que las situaciones nos superan, siempre habrá un motivo por el que seguir adelante. Siempre.

Entonces fue cuando volví a recordar que en este mundo de insensibles la llama no se apaga, que hay corazones que laten cálidos en un mundo de corazones que no laten, que solo funcionan como máquinas con engranajes, que van al mismo son y que jamás pueden parar. Vuestros corazones son las máquinas más frías y de hierro que he conocido, porque el corazón que late de verdad, el que se acelera, el que se tranquiliza, el que cambia de humor, es el corazón más valioso que existe, y el que más felicidad produce.

Si alguna vez en vuestra vida os encontráis uno así, no lo dejéis escapar, os trasmitirá todo el calor que quizás busquéis para el vuestro. Yo encontré el mío, solo deseo que vosotros empecéis a sentir junto a corazones que quieren sentir.

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